Aunque gran parte de la atención pública se concentra en sustancias ilícitas como el fentanilo, los medicamentos opioides recetados siguen teniendo un lugar importante en la conversación.
En muchos casos, el primer contacto de una persona con un opioide ocurre dentro de un contexto médico legítimo: una cirugía, una lesión, un dolor crónico o un tratamiento postoperatorio. El problema surge cuando ese uso se prolonga, no se monitorea adecuadamente o se combina con otros factores de riesgo.
Esta realidad obliga a mirar la crisis desde una perspectiva más amplia. La prevención no puede limitarse al mercado ilegal. También debe incluir educación para pacientes, familias y profesionales de la salud sobre el uso adecuado de medicamentos, los riesgos de dependencia, la importancia de seguir instrucciones médicas y la necesidad de desechar correctamente las sobras de medicamentos en el hogar.
La crisis de opioides también pasa por la gaveta del baño, el botiquín de la casa y las recetas mal manejadas

