El riesgo de desarrollar un trastorno por consumo de sustancias no responde a una sola causa, sino a la combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales que pueden afectar a una persona en distintas etapas de su vida. Especialistas advierten que mientras más factores de riesgo se acumulen, mayores son las probabilidades de consumo problemático y de dependencia.
En el plano biológico, los opioides tienen la capacidad de estimular el sistema de recompensa del cerebro, especialmente las áreas relacionadas con el placer y la gratificación. Ese proceso provoca liberación de dopamina, genera sensaciones placenteras y refuerza el consumo repetido, creando un ciclo que puede pasar del uso al placer, luego a la tolerancia y finalmente a una mayor necesidad de consumo, elevando el riesgo de dependencia y abuso.
A esto se suman factores psicológicos y sociales que también aumentan la vulnerabilidad. Antecedentes de depresión, ansiedad, estrés postraumático y experiencias traumáticas pueden llevar a la automedicación, mientras que la pobreza, el desempleo, los problemas familiares y el acceso fácil a estas sustancias agravan el escenario. Incluso el uso de alcohol o tabaco puede incrementar la probabilidad de desarrollar un trastorno por uso de opioides
